TU HUELLA EN EL PLANETA

La ansiada libertad

Como todos los días me he levantado a las 7,45, siempre le doy los buenos días, y mi compañero de “chabolo” que a esas horas suele estar despierto, me devuelve el saludo con un sonido parecido al mugido de un ñu (una pequeña broma habitual nuestra), hace eso porque no le gusta hablar demasiado recién levantado.
  Por la ventana he visto algunas nubes, pero poca cosa, y ya se adivina un día de Sol y calor.
Hasta aquí todo pura rutina, lo de cada día. Sin embargo, en este momento nadie valora lo maravilloso que es poder caminar más de 80 pasos seguidos en línea recta, hablar de cualquier cosa con gente que entienda de ese tema, oír los trinos de las aves, ver escaparates, etc. Seguramente, si nos faltara alguno de nuestros 5 sentidos estaríamos continuamente añorándolo, pensando por qué me ha tocado a mí.
    ¿Quiénes de los que estáis por la calle valora suficiente la libertad? ¿Quién piensa que se puede ser feliz con sólo poder abrazar a la
familia cuando lo desees, pasear, estar sentando en una mesa viendo pasar a la gente a la vez que te tomas un refresco?
   El disponer de un móvil para poder recibir o hacer llamadas cuando se nos antoje, comernos un bocata de lo que queramos, quedar con alguien, disfrutar de un aseo sin tener que compartirlo con nadie o por lo menos, por gente allegada y que además tenga su propia puerta, ver el mar y darse un baño cuando lo creas oportuno, pasear por el bosque y sentir sus aromas, poder ver cosas que estén más lejos de 70 metros, ver como crecen tus hijos, que te cuenten como le va, sus problemas, sentir las caricias de una mujer, en fin, es tan larga la lista de cosas de las que estamos privados y todo este sufrimiento…..¿para qué sirve?.
  Sólo la valoran aquellos que en un momento dado se la apropiaron, al igual que al ciego que perdió la vista en un accidente o enfermedad valoraría muchísimo poder recuperarla.
  El hombre lucha por conseguir lo que no tiene o por mantenerlo, y a veces, quizás demasiadas, no valora lo suficiente todo aquello que posee. Persigue el dinero, la codicia de tener cosas, alimenta continuamente al igual que la vanidad del estatus del triunfo, de la apariencia, adicciones, dependencias, obsesiones, orgullo, agresividad…Un tal Leo Lozowick dijo: “siendo mendigo es cuando más libre me he sentido”.
   Libertad y felicidad van de la mano, ser feliz invita a sonreír y a reír, y mientras ríes no estás pensando en tus conflictos, quedas liberado de ellos, por eso, un momento de risa es un momento de libertad, y a más libertad, más parte de la vida formas.
  Hasta aquí podríamos decir que hemos hablado de la “libertad física” del individuo, pero existe una libertad que podríamos catalogar como más abstracta, la de pensar y tomar decisiones, a de creer en algo más o menos sublime, político o religioso.
 En este caso, la esencia de la libertad del individuo, de creer o pensar, ha radicado siempre en la posibilidad de elegir lo que se desea porque es lo que le apetece en ese momento, sin presión para forzar la voluntad o conducta, y sin verse engullido por un vasto sistema y en el derecho a oponerse a aquello en lo que no se está de acuerdo, y defender sus propias convicciones porque así se lo dicta su raciocinio.
 Todo esto es la verdadera libertad, y sin ella no nos sentimos libres.
Debemos aceptar, que la libertad de una persona, termina donde empieza el derecho de la otra.

 
 
     Rubén Marco









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